El bate de baseball le dió en el medio de la cara, matándolo casi instantáneamente. Dos semanas atrás Estanislao Curufia se encontraba cenando con su perro. Tenía 26 años y trabajaba en una oficina, actividad que enervaba su ser . En su tiempo libre se dedicaba a iniciar peleas en la calle, no con cualquier persona claro está ya que elegía cuidadosamente a sus contricantes. Las cenas con su perro en su monoambiente le hacían sentir humano, su relación con las entidades concientes se había reducido a eso y no parecía importarle demasiado.
El mejor momento para elegir una pelea era a la noche, a la salida de la oficina, al término de las horas extras que tanto le motivaban a aviolentarse. Trataba de vestirse lo mejor posible para atraer asaltantes, rondaba calles previamente seleccionadas por él. Elegía el cuadrilátero, la hora y hasta a veces el momento. Cuando sucedía, primero trataba de incomodar al ladrón, que a su vez se veía confundido e iracundo por la poca cooperatividad del asaltado. Había un momento en el que Estanislao arrojaba el primer golpe, dicho momento sucedía cuando ya pasaba el suficiente tiempo como para que una persona armada desenfunde para acelerar el asunto, caso contrario, se trataba de combate mano a mano.
La noche del 7 de Junio comenzó como cualquier otra, salió de la oficina a la 1 y decidió tomar el camino largo para su casa en Villa Crespo. Le pareció curiosa la falta de jóvenes agresivos en busca de cualquier cosa que se pueda vender por la calle, no los vió en los habituales lugares de consumo y merodeo lo cual encendió un poco más su sed. A unas cuadras de su casa notó que alguien le seguía, se dió vuelta casi inmnediatamente y en pocos segundos se vió enfrentado con un joven de su estatura cuya cara se encontraba casi escondida bajo una capucha. "Escuchame bien negrito, dame todo lo que tengas o te cago a palos", Estanislao esbozó una tajante sonrisa y en tono despectivo contestó "¿No sos muy criollo para ser xenofóbico?, hoy pisaste la baldosa equivocada". Antes de que el jóven incluso piense en cómo contestar a tal atrevimiento, el puño cerrado de Estanislao se clavaba fuertemente cerca de su dorsal derecho, causándole una falta de aire inmediata. Sin embargo, esta tampoco era la primera pelea del jóven, que rápidamente empuja a Estanislao y se incorpora inhalando profundamente. Frente a él, este oficinista iracundo se quita el saco con fuego en sus ojos. El jóven se arroja contra su víctima, ahora su atacante, y ambos caen al suelo, Estanislao logra ubicarse encima de él y aplasta con el peso de su cuerpo concentrado en su codo la nariz del contrincante, que ciego por el golpe y la sangre que comienza a brotar queda notablemente reducido. Quince fuertes patadas después, el oficinista asaltado deja casi inconciente a un jóven cubierto en sangre. Acababa de castigar a la persona incorrecta, como comprobó 2 horas y media más tarde, al bajar a comprar cigarrillos. A sólo 3 cuadras de su casa se volvió a encontrar con el jóven, esta vez con abundantes servilletas llenas de sangre en sus manos y con 3 amigos. En ese instante Estanislao se percató de que el pequeño en cuestión pertenecía a un grupo de pelados iracundos, y de los malos. Un grupo que definitivamente entraba en su rango de gente que golpearía... si se trataba de uno solo. Lo cierto es que la situación era inevitable y como toda persona carente de análisis racional situacional y sobrante de adrenalina, Estanislao se lanzó velozmente sobre uno de los jóvenes que esperaban encontrarse al agresor para cobrar venganza y que, por esa noche solamente, tuvieron demasiada suerte. Apuntando sus golpes a la garganta del muchacho mientras rodaba por el suelo, Estanislao sintió cómo un borcego calibre 42 con punta de metal impactaba en su costillar izquierdo, despegándolo de su azotado enemigo, quien se levantó fugazmente para incorporarse en la lluvia de patadas que se cernía sobre el alocado oficinista. El hombre de los borcegos metalizados se alegró muchísimo de haber salido esa noche con su bate de baseball de madera, a la usanza de la vieja escuela. En el preciso momento en el que un hombre común se entregaría al destino, Estanislao juntó todas sus fuerzas y desde el suelo derrumbó con una patada al portador del bate. Con la misma velocidad, pero limitado por las palpitantes heridas que cubrían su cuerpo, agarró el bate y con la fuerza de un animal acorralado lo apuntó a la rodilla de quien le seguía pateando. El distintivo y seco sonido de un hueso astillándose fue prosegido por una serie de alaridos que perforaron la quietud de la noche. Nuestro ofinista admiraba su mórbida obra cuando una pesada bota descendió sobre su cabeza, aplastándola contra el pavimento. Estanislao perdió en ese momento la movilidad de sus extremidades y mientras se desangraba, una mano levantó su cabeza por el pelo simplemente para que observara cómo el jóven que previamente había deformado horas atrás se acercaba con el bate en la mano. Siete días más tarde su perro moría de inanición.

2 comentarios:
Ufff! Cuán visual y atractivo a la mente me resultó este post!
Sangrientamente excelente!
Wow, un texto muy fuerte, sobre todo a lo imaginario.
"Que pasaría si..."
Maldita frase que nos llena de inquietudes.
Cómo saberlo?
Tu blog, no sé, supongo que buscando un poco, intentando encontrar algo interesante que leer. Y, sinceramente, feliz de encontrarlo.
Un abrazo!
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