miércoles, 25 de junio de 2008

La fractalidad del follaje


Luego de haber vivido 20 años en la ciudad, Lisandro Maferglis se encontraba obnubilado observando cómo la luz iba descomponiéndose a través de la copa de un árbol situado en la calle Güemes. Hacía ya 5 minutos que se encontraba en la misma posición, con la boca semiabierta y las pupilas totalmente dilatadas descomponiendo el color del más puro rayo de sol. Por primera vez en su vida la ciudad no le parecía tan repugnante, de hecho, sentía como su cuerpo fluía libremente al compás de la armonía recientemente hallada. Le pareció curioso como todas las cosas que uno ignora día a día podían llegar a poseer un encanto tan particular que era capaz de abstraer a la persona por incontables minutos. Cuando el sol comenzó a lastimar sus ojos apartó la vista y la clavó en el suelo, incontables tramas aparecieron ante él. Una pequeña flor al pie del árbol cautivó su atención y se puso en cuclillas para apreciarla mejor. Esta no era una exótica flor de coloridos petalos, ni siquiera una cuya geometría podría maravillar. No, era una simple flor que atrapaba por su humilde encanto y Lisandro, el atrapado, la miraba con los ojos de un niño que descubre el mundo. Porque a fin de cuentas se sentía así, como un infante volviendo a vivir todo por primera vez, y era la sensación más gratificante que jamás había sentido. Nada ni nadie podría haber arruinado ese momento de comunión entre el hombre y la naturaleza, por más ínfima que sea. Ni siquiera esa baldosa suelta que pisó mientras caminaba y que salpicó todos sus pantalones, logrando un hermoso marrón que se movía y se derretía en aleatorios movimientos. Lisandro rió como nunca, rió como loco, pues dentro de su locura se sentía la persona mas lúcida del mundo y comprendió que a veces la locura es eso, un exceso de cordura. Lisandro descubrió ese día que la felicidad sí se podía comprar, y rió una vez más.

1 comentario:

Andrés M. dijo...

locuerdos... derriben las puertas de la percepción!!!
Esto lo que logra un hombre que se despoja de las ficciones sociales
Buena demolición.