Un tipo alegre, divertido, elocuente. Así describían al "Satu" las personas que lo conocían.
Una mañana de Mayo Saturnino se levantó sabiendo que su vida cambiaría para mejor. Su trabajo no era del todo genial, más bien, una rutinaria tortura que licuaba su cerebro y le mataba anímicamente día a día. Todo esto acompañado de una renumeración insignificante. Pero hace dos días un amigo al que no veía hace mucho le consigió una entrevista en un importante banco al que ofrecía servicios de consultoría, era la oportunidad perfecta para darse a conocer y mejorar su calidad de vida. Decidió usar ese traje que fue lo único que su difunto padre pudo darle. Una prenda impecable de Yves Saint Laurent.
El desayuno de ese día sabía perfecto, las tostadas se quemaron un poco pero aún así tenían el sabor de la victoria, el sabor de la reivindicación. Salió de su casa, caminó derecho por Viamonte. Le encantaba esa calle, era céntrica pero tranquila y los edificios tenián un no se qué que le llenaba el alma. Mientras admiraba el paisaje, a punto de pasar por el Coto y a dos cuadras de su entrevista, notó como algo explotaba bajo suyo. Un furioso líquido negro, lleno de furiosa mugre y odio empapó sus impecables pantalones y arruinó sus rutilantes zapatos. Saturnino García Paz había sido víctima de las infames "baldosas sorpresa" porteñas. Al llegar a la entrevista, con su cara asemejándose al tomate más maduro, miró a los ojos de su entrevistador y este mantuvo la mirada unos 2 segundos, el tiempo necesario como para bajar la vista y apreciar la indecorosa presentación de su entrevistado.
-¿Usted es conciente del renombre de esta empresa y del porte y presencia que esperamos y exigimos de nuestros empleados, no?
- Por supuesto, pero déjeme decirle que fue un accidente y que de hecho yo no...
La mano en alto del entrevistador interrumpió su excusa. Una mirada fría y penetrante lo atravesó como una katana recién forjada.
- Si escuchase las incesantes excusas de toda persona que me decepciona estaría ya metido en un monasterio. Trabajo en un banco, y al igual que los números, debo ser exacto y preciso. Usted no cuadra con el tipo de persona que buscamos para nuestra institución, le pido encarecidamente que se retire y no me haga perder más el tiempo.
Saturnino se alejó cabizbajo y camino a su casa se detuvo unos 3 minutos para dedicar todo el odio que había engendrado en tan corto tiempo a esa baldosa que arruinó su oportunidad de progresar. Debería volver a su pozo, y acostumbrarse a él.
Esta fue por vos Satu...

No hay comentarios:
Publicar un comentario