viernes, 30 de mayo de 2008

De aventureros y diamantes


"Son las once y este hijo de re mil puta no aparece". Olga se había cansado de sentarse a esperar a Osvaldo para comer. Era una cruda coincidencia, cada vez que Olga preparaba su famosa tarta de jamón y brócoli, cuyo ingrediente primordial era la atención y el afecto que volcaba en la misma, su marido decidía retrasarse y eventualmente no aparecer. El teléfono parecía mirarla desde la cómoda cercana, Olga alternaba su atención entre el reloj de agujas y el teléfono. Mientras su ira alcanzaba un pico todo el ambiente se congeló un segundo o una eternidad. Olga se levantó decidida, agarró su abrigo, y salió a la calle. Al atravesar el umbral se percató del estado de confusión en el que se encontraba. Aturdida, casi orando o más bien pensando muy alto en tono de súplica, solicitó a algún ente superior cualquier tipo de señal significativa que le diese una respuesta a su problema.
Caminando con paso apurado, atenta a todo estímulo sensorial, Olga aguardó. Mientras pasaba una montañita de bolsas de residuos, su milagro la golpeó, visualmente hablando. Un diminuto tallo surgía del desagüe más cercano y exhibía una orgullosa flor. En ese instante Olga observó que hasta en una pila de basura puede hallarse algo hermoso y de ese modo optó por una visión optimista y siguió caminando ahora rumbo a su casa. La noche estaba hermosa, su quietud sólo podía ser interrumpida por la seca y casi silenciosa explosión de una baldosa suelta bajo los pies de alguna víctima, que esa noche resultó ser Olga. Mientras una expresión de congestionamiento emocional negativo se apoderaba de su cara, maldijo por dentro el haberse puesto pollera. Entre el rechinar de dientes y la renovada ira corriendo por sus venas, tuvo otra iluminación y esta vez resolvió que por más optimistas que se vean las cosas hay otras tantas cosas que son inevitables, que son invariables, certeras y condenadamente esporádicas.
Al llegar a su casa, con la bombacha empapada y la cabeza hirviendo, se encontró a Osvaldo comiendo una comida previamente abandonada por ella y casi ni siquiera alzando la vista para corrobar que se trataba de su mujer y no de un vikingo homicida o algo así. Olga se acercó hasta el y clavándole los ojos en el medio de sus pupilas tiró violentamente su plato al piso y le dijo en tono cortante y corrosivo "Tenés 40 segundos para irte de mi casa, hijo de re mil puta...". Osvaldo, con la cara del culpable y el asombro en su mirada inclinó levemente la cabeza. 20 segundos más tarde se encontraba fuera de la casa, nunca había visto a su mujer así.

jueves, 29 de mayo de 2008

Saturnino García Paz era un hombre feliz


Un tipo alegre, divertido, elocuente. Así describían al "Satu" las personas que lo conocían.
Una mañana de Mayo Saturnino se levantó sabiendo que su vida cambiaría para mejor. Su trabajo no era del todo genial, más bien, una rutinaria tortura que licuaba su cerebro y le mataba anímicamente día a día. Todo esto acompañado de una renumeración insignificante. Pero hace dos días un amigo al que no veía hace mucho le consigió una entrevista en un importante banco al que ofrecía servicios de consultoría, era la oportunidad perfecta para darse a conocer y mejorar su calidad de vida. Decidió usar ese traje que fue lo único que su difunto padre pudo darle. Una prenda impecable de Yves Saint Laurent.
El desayuno de ese día sabía perfecto, las tostadas se quemaron un poco pero aún así tenían el sabor de la victoria, el sabor de la reivindicación. Salió de su casa, caminó derecho por Viamonte. Le encantaba esa calle, era céntrica pero tranquila y los edificios tenián un no se qué que le llenaba el alma. Mientras admiraba el paisaje, a punto de pasar por el Coto y a dos cuadras de su entrevista, notó como algo explotaba bajo suyo. Un furioso líquido negro, lleno de furiosa mugre y odio empapó sus impecables pantalones y arruinó sus rutilantes zapatos. Saturnino García Paz había sido víctima de las infames "baldosas sorpresa" porteñas. Al llegar a la entrevista, con su cara asemejándose al tomate más maduro, miró a los ojos de su entrevistador y este mantuvo la mirada unos 2 segundos, el tiempo necesario como para bajar la vista y apreciar la indecorosa presentación de su entrevistado.
-¿Usted es conciente del renombre de esta empresa y del porte y presencia que esperamos y exigimos de nuestros empleados, no?
- Por supuesto, pero déjeme decirle que fue un accidente y que de hecho yo no...
La mano en alto del entrevistador interrumpió su excusa. Una mirada fría y penetrante lo atravesó como una katana recién forjada.
- Si escuchase las incesantes excusas de toda persona que me decepciona estaría ya metido en un monasterio. Trabajo en un banco, y al igual que los números, debo ser exacto y preciso. Usted no cuadra con el tipo de persona que buscamos para nuestra institución, le pido encarecidamente que se retire y no me haga perder más el tiempo.
Saturnino se alejó cabizbajo y camino a su casa se detuvo unos 3 minutos para dedicar todo el odio que había engendrado en tan corto tiempo a esa baldosa que arruinó su oportunidad de progresar. Debería volver a su pozo, y acostumbrarse a él.



Esta fue por vos Satu...

miércoles, 21 de mayo de 2008

Mine spotted!


Más vale tarde que nunca. Ayer por la noche, aproximadamente a las 11:30 horas en el barrio de Belgrano, sobre la calle Ciudad de la Paz divisé junto a mis droogos mi primer blanco. De hecho más que divisar, pisé. El reinado de terror de esta bestia rectangular de concreto se vió comprometido por mi causa, y así fue como con aerosoles en mano decidí marcarla. El stencil no quedó tan perfecto como lo imaginé pero por ser la primera vez imagino que los aliviados transeúntes me perdonarán. Fue un error del artista, no de los elementos plásticos. Aprendí una valiosa lección, creo.
Proximamente más baldosas vandalizadas, más caritas de felicidad y asombro.
Viva la causa, cambio y fuera.